Fertilización nitrogenada complementaria en trigo.
En la nutrición de cultivos, el nitrógeno presenta los mayores desafíos técnicos, económicos y ecológicos. El trigo no es una excepción a la norma. Hoy día estamos cancelando la alternativa siembra vs. macollaje, en la fertilización, por el modelo de fraccionamiento progresivo. El mismo no se restringe a estas dos épocas clásicas, incursionando en un período que puede ir desde hoja bandera hasta antesis o pos-antesis. Esta última fracción puede suprimirse, modificarse en su dosis y momento, según factores climáticos u objetivos específicos. La llamamos complementaria porque forma parte de la demanda total del cultivo. Ocasionalmente puede ser suplementaria pero nunca "tardía", porque llega cuando tiene que llegar.
Fue un concepto generalizado el que asigna a la fertilización foliar el rol específico de mejorar la calidad del grano y, en particular, su concentración de proteína. La experimentación, en los últimos años, nos revela que la técnica no excluye aumentos de rendimiento, a veces muy consistentes. También se ha comprobado que, contrariamente al N-siembra/macollaje (o basal), la calidad comercial mantiene su expansión o se modifica ligeramente, a menudo en forma positiva.
Desde la aparición de hoja bandera, época en que la absorción radicular comienza a declinar, la planta aún requiere un 35% del total de N consumido. Se considera que a partir de ese momento, la aplicación foliar tiene las mayores ventajas para responder a esta demanda. La técnica no implica, necesariamente, una mayor dosis total. Tiene, empero, un rol definido en el manejo de la canopia para responder a objetivos de la producción. Robustece, además, la versatilidad y posibilidades nutricionales del fraccionamiento, sin aumentar el riesgo de enfermedades, vuelco o polución ambiental. Con el fin de ponderar y adaptar sus posibilidades en los sistemas productivos, la EEA INTA Bordenave intensificó la experimentación en esta materia. Para ello contó con el apoyo y aporte de empresas, cooperativas y productores del área.
En este artículo expondremos los resultados de tres campañas (01-02 y 03), realizadas en el SO bonaerese El producto utilizado como fertilizante fue Foliarsol U y en algunos sitios, también el fungicida Amistar Xtra. Los ensayos (n=18) se realizaron en campos de productores o de cooperativas, ubicados en Espartillar, Pigüé y Coronel Suárez (SO Bonaerense). Las variedades empleadas fueron Buck Guapo, Sureño y Farol, ACA 203, 302 y 303, Klein Estrella y Baguette 10. Los tratamientos incluyeron dosis de N en antesis y en posantesis (2003). Las precipitaciones fueron abundantes en 2001 (otoño y primavera) y en primavera del 2002. En el 2003 hubo una sequía invernal hasta bien entrada la primavera.
El clima del año 2001 promovió un gran desarrollo de la biomasa con pérdidas por lixiviación, del N nativo y del fertilizado en forma basal. Esto determinó respuestas a la fertilización foliar muy amplias de rendimiento, acompañado de un interesante aporte a la concentración de proteínas (gráfico 1).
Gráfico 1: Efecto Rendimiento / Proteína de la aplicación foliar en antesis (Coronel Suárez 2001, n = 5)
La componente de rendimiento afectada en primer lugar fue el número de granos/espiga y en segundo lugar, el peso de los granos. El aumento de proteína acompañó al de rendimiento, destacándose cuando la producción se estabilizó en los 30 kg N/ha. El promedio de eficiencia de proteína fue de 0,04 puntos de porcentaje, por cada kg de N aportado.
Es indudable que el N en antesis contribuyó a la supervivencia foliar, mejorando a su vez el peso de los granos. Sólo con 30 kg de N superó el punto de aumento de proteína. La eficiencia media de este atributo fue de 0.04, es decir que se requieren 25 kg de N para incrementarla en una unidad de porcentaje. El índice de verdor (IV) en espigazón, osciló entre 27 y 37 puntos (Spad 502). En 2002 las respuestas de rendimiento fueron de un rango más moderado y diferente entre sitios. En Pigüé las respuestas físicas alcanzaron los 200-300 kg/ha, manteniendo una eficiencia de 0,04 en proteína (gráfico 2).
Gráfico 2: Efecto Rendimiento / Proteína, según dosis de N foliar, en antesis (Pigüé 2002, n = 5)
En este caso tampoco se alcanzó un grado adecuado de suficiencia en la nutrición, dado que los niveles de proteína estuvieron por debajo del 12%. El IV osciló entre 30 y 41 puntos, es decir, ligeramente mayor que en 2001.
En Coronel Suárez y Espartillar se incluyó fungicida, con y sin N, en el estadio de hoja bandera desplegada (gráfico 3). El fungicida mostró una alta respuesta de rendimiento (entre 600 y 700 kg/ha) y resultó compatible con el N. Incluso hubo una pequeña interacción positiva, por mayor eficiencia del fertilizante.
Gráfico 3: Efecto aislado y combinado del N y fungicida, en Hoja Bandera (Espartillar y Coronel Suárez, 2002 y 2003, n = 6)
Cuatro de los cultivos son Baguette 10 y el resto Klein Estrella y Buck Farol, Con fungicida el N aumentó la eficiencia, para rendimiento y proteína, en 5 y 0,01 unidades/fracción, respectivamente.
En 2003 se incluyeron 5 ensayos con dosis en antesis (A) y un fraccionamiento doliar entre HB y A. También se aplicó una dosis de 20 kg unos 10 días después de floración (gráfico 4).
Gráfico 4: Efecto de dosis y fraccionamiento foliar, época y recuperación de N en grano. (Espartillar y Coronel Suárez, 2003, n = 5)
En estos ensayos predominó la respuesta a rendimiento, quizás porque en 4 de los 5 sitios la variedad era Baguette 19 y en el quinto fue Buck Farol. Las eficiencias oscilaron entre 11 y 31, destacándose la dosis de 10 kg/ha. El fraccionamiento mejora la dosis única de 40 kg/ha, resultado llamativo el aumento de rendimiento, aún en posantesis. Excepto con 10kg/ha, las eficiencias en proteína se acercaron sólo a 0,03. el nivel de recuperación en grano, con 40 kg/ha de dosis, se mantuvo igual al de 20kg/ha, sólo cuando fue fraccionado en dos momentos.
La fertilización foliar complementaria puede aumentar el porcentaje de proteína y el rendimiento. Simultáneamente, siendo compatible con el uso de fungicidas.
Al respecto, dosis de 20 a 30 kg/ha resultan las más confiables. La calidad comercial no se deprime, con esa práctica, a diferencia de las aplicaciones basales de N. El manejo de los suelos y la fertilización en siembra/macollaje, deben proveer un nivel aproximado al 11% en las proteínas, para que la complementación alcance niveles potencialmente bonificables.
Fuente: Revista FertiPASA de PASA Fertlizantes de Petrobras | Publicación Nº 20 de Septiembre 2004 | Páginas 8 a 11
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